Caza & Armas
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 CAP. II. - LA EPOCA DE LOS ARCABUCES - LA DINASTIA DE MADRID

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cooper
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MensajeTema: CAP. II. - LA EPOCA DE LOS ARCABUCES - LA DINASTIA DE MADRID   CAP. II. - LA EPOCA DE LOS ARCABUCES - LA DINASTIA DE MADRID Icon_minitimeSáb 25 Ago 2012, 18:40

LA DINASTIA DE MADRID .-

Nos pondremos en situación en Madrid junto a la Casa Real y sobre todo a partir de la subida al trono de Carlos I ( 1517 – 1556 ), pues las armas y la caza eran coetáneas de la nobleza y así lo entendió él , al traer a dos grandes armeros alemanes a España- Simón Markuart y Peter Messe desde la ciudad de Augsburgo en Suabia, estado de Baviera, donde uno de ellos Simon, crearía dinastía , casando con la española Ana Diaz e inculcando a sus hijos el noble arte de la construcción de armas.

LOS ARCABUCEROS REALES

Durante el siglo XVII en España se dan una serie de condicionantes que provocan la creación de la Real Ballestería. Esta institución de reciente descubrimiento era la encargada de conservar, mantener y producir el armamento de caza, arcabuces y todo tipo de complementos, destinados al servicio no sólo del Rey sino de toda la familia real, incluidas las mujeres. Desde su creación la pertenencia a la misma estaba reservada a los mejores artífices de la corte madrileña. Estos fabricantes recibían la denominación de arcabuceros reales, y tenían una serie de obligaciones y derechos inherentes a su posición.

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Fabricaban los mejores arcabuces de caza del mundo, no solo por sus características técnicas de fiabilidad y precisión técnica, sino también por su fabricación con los materiales más lujosos del momento. Esto hizo que sus armas fueran objeto de deseo, tanto dentro como fuera del país.

Las armas por ellos fabricadas son perfectamente reconocibles por una serie de elementos característicos, y sobre todo por estar sometidas a un control, como cualquier producción de lujo en la que además la seguridad estaba en juego. Este control tenía su reflejo en la existencia de una marca y contramarca asignada a cada arcabucero real. La marca estaba compuesta por el nombre y apellidos del arcabucero dentro de un escudete superado de corona real, y se colocaba con un punzón en la ochava superior de la culata del cañón. También se marcaban la llave, en la pletina, y en las guarniciones, normalmente en la parte externa del guardamonte. La del cañón, y a veces las otras, se realizaba interponiendo una plaquita de oro, consiguiendo así el efecto decorativo del dorado sobre el fondo oscuro del pavonado del cañón.
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La contramarca, por su parte, estaba enmarcada dentro de un cuadro y podía ser un elemento zoomorfo, vegetal, heráldico, etc. Se colocaba tras haber superado una prueba realizada delante del Ballestero Principal, por triplicado con una carga muy superior a la que normalmente utilizaría, dando por conforme ese arma para ser utilizada por la familia real.

También se marcaban, o se firmaban, otros elementos relacionados con la caza que los arcabuceros reales tenían la potestad de realizar, como por ejemplo pistolas; bayonetas de taco; polvoreras; probetas; turquesas, etc.

LOS CAÑONES.-

El proceso de fabricación de los cañones en España puede conocerse con todo detalle gracias a un gran armero, llamado Isidro Soler, que escribió en 1.795, un “ Compendio Histórico de Arcabuces de Madrid “.

Esta obra incluye el texto siguiente “ Forjábanse tirando o alargando un pedazo de hierro nuevo en forma de barra o plancha, del largo que se quería el cañón; puesto el hierro en este estado, se iba volviendo hasta que llegasen a tocarse las orillas en toda su longitud; pasábase después a unir y consolidar la juntura, lo que se hacía metiendo dentro del cañón o broca de hierro de la mejor calidad que se encontraba, y sobre ella, luego que estaba en disposición, se golpeaba con el martillo hasta que no se conociese dicha unión…”.

Uno de los problemas mayores de esta técnica de fabricación residía en que el cañón era fabricado de una sola pieza, y consecuentemente, presentaba la soldadura en línea, lo que a ciencia cierta debilitaba la resistencia del arma y suponía motivo de preocupación constante entre los armeros, porque cuando la pieza no contenía el grado de resistencia necesario podía ocurrir un reventón en el momento del disparo, con el consiguiente peligro para el tirador.

Los accidentes debían de suceder con cierta frecuencia, tal y como denunciaba Alonso Martínez Espinar ( 1.594-1.682) en su libro sobre “ El Arte de Ballestería y Montería “ en 1.644: “Muchas muertes desgraciadas han sucedido con estas armas de fuego, unas por venganza, otras por burlarse con ellas quién no las conoce y otras por malicia del oficial que las hizo y las vendió. Esto debiera ser castigado rigurosamente poniendo penas… “.

Al parecer uno de los primeros avances técnicos en las armas de fuego españolas tuvo lugar a mediados del siglo XVIII, de la mano de Juan Sánchez de Mirueña. Este famoso armero, que había sido llamado a Madrid por el entonces Infante Don Fernando, que ocuparía el trono con el nombre de Fernando VI ( 1.746-1.759 ), probó a fabricar un cañón de 6 o 7 piezas y de este modo consiguió aumentar la resistencia del arma al reventón.

Por otro lado Nicolas Bis, uno de los arcabucero de Felipe V (1.714-1.746), había descubierto unos años antes que las herraduras desgastadas de los caballos, en particular las de hierro vizcaíno, proporcionaban un material muy resistente y duradero al fundirlas de nuevo, ” Los callos de herraduras“.

A partir de ese momento, los cañones madrileños consiguieron una gran solidez y pureza, y su fama se extendió por toda Europa hasta tal punto que, al decir de la gente, cuando un arma poseía un cañón de calidad, ese cañón era siempre español. Lo cuenta el propio Nicolás Bis en unos versos por él creados:

“Pues todas la naciones
Admiran el primor de mis cañones
Comprando la hermosura
Que fue carbón y callos de herradura “

El modelo de cañón que se fabricaba tradicionalmente en España, denominado “ a la española “ se caracterizaba porque tenía el primer tercio de forma octogonal y el resto cilíndrico. La unión entre ambas partes se efectuaba mediante un anillamiento que, según la moda, región o gusto del armero, podía ir acompañado en ocasiones de una hilera de hojas esculpidas.
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EL ARTE DE NUESTROS ARMEROS

Al igual que ocurre en muchas otras obras, la decoración era un medio de ennoblecer y realzar las armas de fuego. El trabajo se aplicaba en la caja, en la llave y en el cañón, pero era éste un trabajo extremadamente delicado, porque, además de la pericia técnica, había que tener presente que el espacio disponible, especialmente en la caja y en el cañón, era muy reducido.

Armas de Juan Belen

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En las piezas de lujo las cajas se adornan con guarniciones metálicas – a veces de oro, por lo general de plata, azófar o latón – que pueden llegar a constituir pequeñas obras de arte por sí mismas. A partir del siglo XVI, solían decorarse con incrustaciones de hueso natural o teñido, nácar o marfil, que podían presentar motivos vegetales aislados o representaciones figuradas de carácter costumbrista o mitológico.

En la primera mitad del siglo XVII, en las obras de mayor lujo se puso de moda recubrir la caja con placas metálicas, a las que posteriormente se embellecía con una decoración esmaltada y, en ocasiones, con la presencia de piedras semipreciosas de colores , imitando la textura de algunas joyas.

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Este tipo de ornamentación resulta especialmente rico en el arcabuz de rueda que se encuentra en el museo Arqueológico Nacional, en el que toda la superficie del arma aparece cubierta por placas metálicas que están decoradas con delicados motivos florales realizados en esmalte. En los lugares más significativos se han colocado amatistas y granates hasta un total de 1.157 piedras.

La técnica del esmalte fue utilizada por los orfebres para embellecer sus obras, pues era una excelente alternativa al empleo de materiales más caros que les permitía obtener nuevos matices. En este arcabuz, el esmalte se aplicó con la técnica del excavado, un procedimiento muy extendido consistente en rehundir la superficie del espacio que va a ser decorado y rellenarlo posteriormente con esmalte.

La decoración con pedrería era una moda que se aplicó en joyas, vestidos, tocados y otras artes decorativas como tabaquera, relojes, botones, etc.

En Europa se cultivó esta técnica en importantes centros alemanes (Nuremberg y Augsburgo) e italianos (Brescia, Pistoya, etc. ) El emperador Rodolfo II (1552-1612) tuvo a su servicio en Praga un famoso taller de orfebrería en el que trabajaron los mejores artífices del momento, especialmente milaneses, que recibieron encargos de todas las cortes europeas.

LA CAZA, PRINCIPAL MARCO DE ACTIVIDAD DE LOS ARCABUCES.

El Infante don Juan Manuel, uno de los más famosos literatos españoles del siglo XIV, afirmaba en una obra dedicada al arte de la cetrería que “ la caza, es cosa noble, apuesta e sabrosa “. Pero éste era un enfoque de la caza como afición y deporte de las clases privilegiadas, porque, en principio, el los tiempos prehistóricos, la caza fue una actividad que el hombre practicaba como medio de vida que le proporcionaba alimento y vestido.

LA CAZA

A partir del medievo se empezó a considerar una actividad apropiada para completar la educación de los monarcas y de la nobleza, ya que fortalecía el cuerpo, obligaba a demostrar conocimientos y destreza, y fomentaba alguna virtudes como la prudencia, la astucia y la paciencia, muy necesarias para desempeñar de forma correcta el ejercicio del poder.

La sustitución de la lanza y la ballesta pr armas de fuego supuso un cambio trascendental en la práctica de esta actividad. Las primeras noticias sobre la utilización de armas de fuego portátiles en España se remontan a la Edad Moderna. La demanda regular de armas por parte de una clientela exigente favoreció el establecimiento de talleres en algunas localidades europeas, en los que trabajaron artífices de elevado prestigio que supieron aunar calidad técnica y sentido estético.

Uno de los primeros clientes de este tipo de armas acerca de los que existen datos documentales en nuestro país fue el Infante don Fernando, el hermano del Emperador Carlos V. Otro famoso poseedor de armas, fue don Iñigo López de Mendoza, IV conde de Tendilla y marqués de Mondéjar (1512-1580). Su carrera profesional estuvo llena de éxitos, pues fue Capitán general del Reino de Granada, se distinguió por su participación en la guerra de las Alpujarras y llegó a ser Virrey de Nápoles.

Dos siglos más tarde, la llegada de la casa de Borbón al trono español representó un nuevo empuje en el uso y fabricación de este tipo de armas, ya que tanto el rey Felipe V como su esposa Isabel de Farnesio sentían especial inclinación por el ejercicio de la caza.

Armeria Real del Palacio Real de Madrid

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Los monarcas solían cazar diariamente a caballo después de haber despachado los asuntos de Estado y eran capaces de permanecer cazando hasta la puesta del sol. Carlos III fue otro de los monarcas que llegó a sentir auténtica veneración por ese deporte. Frecuentaba el Campo del Moro o los montes de El Pardo, y no extrañaba a nadie que fuera acompañado por alguno de sus arcabuceros, aunque el elegido casi siempre, solía ser Salvador Cenarro.

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A tenor de lo que cuentan los viajeros extranjeros del último tercio del siglo, la pasión por la caza la heredó igualmente Carlos IV. Fueron famosas las batidas que se organizaban en los Sitios Reales, especialmente en La Granja de Segovia, aunque en algunas ocasiones los comentarios contenían ciertos reproches por el número tan elevado de presas de caza mayor al que se daba muerte.

LOS ARCABUCEROS DE MADRID Y SU MARCAS .-

El ochavado del cañón fue el lugar elegido por los armeros para colocar sus marcas de la localidad de fabricación, el punzón de su artífice y su contramarca. A veces se dio la circunstancia de que colaborasen entre ellos, ya que por ejemplo he observado un arcabuz fabricado por Nicolas Bis que presenta en el ochavado su punzón “ NICOLS BIS MD “ , su contramarca en oro “ Un globo con una cruz de cuyos brazos penden una cadena y las flores de Lis “ , perfecto y único trabajo personal . Luego me encuentro con otro trabajo para Fernando VI en el cual se encuentra el trabajo de cañonería de Gabriel Algora , con sus marcas y las de Joaquin Zelaya , autor de la llave , con su punzón en dorado y su leyenda “ Joachin de Zelaia en Mad “, ¿ Quién lo entiende ? .

Voy a hacer un interdicto porque se me está subiendo la sangre y me vais a entender. Desde hace muchos años de una forma u otra he visto y he tocado diversas armas de la época en que estamos situados, luego por circunstancias del destino me encontré en Internet , con un periodico de principios de siglo XX, llamado “ SEMANARIO PINTORESCO ESPAÑOL”, el cual tenía en dos partes un buen articulo de las armas de Madrid y su procedencia , dando en valor a el uso que se hizo de las herraduras de hierro dulce de Vizcaya y mira que me picó la curiosidad y tiré del hilo , hasta dar con un libro Catalogo de la Armeria Real de Madrid, que se encuentra en Canadá , alucinante del año 1849 realizado por D. Francisco Marchesi a instancias de nuestra Reina Isabel II .

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Por supuesto lo tengo en PDF y se lo pasé a los amigos. Posteriormente y ya encebollado seguí buscado, hasta dar con la Biblia según algunos que es el libro realizado por D. Isidro Soler , creo que en 1795 y que como bien dice el que fue Arcabucero Real , es un compendio – el más barato cuesta 3.000 Euros y que ha resultas de mi investigación deja en muy mal lugar o ni tan siquiera hace mención a los buenos armeros vascos que le antecedieron y a las fabricas de EUGUI y ORBAICETA en Navarra , TOLOSA en Guipúzcoa , posteriormente a las R.R.F.F. de Placencia de la que dependian los gremiales de Eibar y Ermua y de los catalanes ni nombrar- Jódete – no sabía que hubo y había armeros en Barcelona, Manresa, Igualada y sobre todo en Ripoll , en su época .

Arma de Bustunduy y llave de Antonio Doiztua

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Arma de Antonio de Guisasola

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Ah nó………. Esto no puede quedar así y llevo todo el mes dando patadas para poner a cada uno en su sitio, con respeto pero con honra ya que tanto los armeros de Cataluña como los vascos se lo merecen, porque cuando él no existía , los vascos ya suministraban armas a los Reyes de España y a las Americas y Tercios de Flandes y ni se había enterado.

Siguiendo las rectificaciones a tal “Compendio” citaremos una de un gran calado histórico la cual es que hablando del trofeo de Pavía como fue la célebre espada de Francisco I, que Napoleón mandó rescatar a su General Murat, que por cierto tenía la hoja española y de la que hoy en día hay una copia exacta pues no nos la devolvieron, ejecutada por D. Eusebio Zuloaga, por orden de D. Alfonso XII, no es la que el Rey francés llevaba en la batalla de Pavía, sino una espada de ceremonia que se encontró en su campamento y que luego se la entregaron a Felipe II.

La que usaba el Rey vencido aquel día y que recogió D. Diego de Avila, que le desmontó herido de un sablazo de su caballo, es otra que le entregó con la manopla derecha a su Emperador Carlos V en mano.

Otra anécdota de éste “Compendio” hace mención a que el solamente encontró 99 marcas de los espaderos de Toledo para ser luego rectificado por D. Santiago Palomares que elevó la cantidad a 109 en su “Memoria a la Academia de la Historia “.

Como vemos, estos descubrimientos bastan por sí solos para dar la importancia justa que merece a tal libro.


Adjunto sus páginas con las marcas y contramarcas, que para mi es lo único que vale , pues como vereis hubo gente anterior que si supo valorar a todos los armeros en general y alabó sus fabricados para la caza.

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QUIEN HIZO A QUIEN .- MAESTROS TODOS.

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Arma de Juan López

Habiendo visto la saga armera de los Arcabuceros Reales de La Corte de Madrid , quiero rendir homenaje al armero Juan López que aunque no fue arcabucero real, si poseia Taller propio en la C/ Parada en el año 1786 . Habia sido discipulo de Antonio Gomez y su contramarca lo formaba un perro rampante coronado y atravesado por una espada , de la cual poseo foto.

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También reconozco a Francisco López que no se si eran parientes en 1802 y que fue el último arcabucero real de Carlos IV , con el que pasaba sus horas de campo en la Granja de San Ildefonso .

Llegó Fernando VII y como después de la movida , no le hacia mucha gracia la caza , dejó de nombrar arcabuceros de número en la Armeria Real con lo que los últimos grandes armeros se instalaron en la zona denominada de “ Los Chisperos “ por las chispas que salian de sus talleres y fraguas, en las calles Barquillo , Barbara de Braganza , Prim , etc.

He aquí el trabajo de un armero que no era real. Felix Romero , de Cadiz.

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El último reconocido de aquella saga fue Calixto Piñuelas el cual tenía el Taller en la C/ de los Reyes y dicen las malas lenguas que fue visitado por D. James Purdey en una visita que realizó a Madrid, aunque no lo he podido confirmar en la prensa de la época . Falleció en 1880.

Por supuesto nos queda D. Eusebio Zuloaga pero esa es otra historia .

Como veis el conocimiento de la armeria historica proporciona una gran cantidad de información a todos los niveles : Técnicos, sociales, economicos , etc y obviar esta información dá una visión sesgada de cualquier realidad histórica. Las armas hablaron en el lenguaje para el que fueron creadas, pero hoy en dia siguen ofreciendonos muchos datos y satisfacciones para aquellos que estan dispuestos a escucharlas sin prejuicios.

Por ello os invito a que visiteis , cuantos museos podais, como la Real Armeria del Palacio Real, el Museo Arqueologico Nacional, El Museo Lazaro Galdeano y el Museo Cerralvo en Madrid , El Palacio de Viana en Cordoba , Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla ,el Museo del Ejercito en Toledo , etc .

Fotografias enviadas por nuestro corresponsal, del Museo Metropolitano de New York . ( Mister Emegé ).

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