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 La caza pierde en Extremadura un 11% de escopetas

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MensajeTema: La caza pierde en Extremadura un 11% de escopetas   La caza pierde en Extremadura un 11% de escopetas Icon_minitimeLun 05 Dic 2011, 10:19

La caza pierde un 11% de escopetas

La caza pierde en Extremadura un 11% de escopetas Caza-bomba

* La actividad cinegética no pasa por su mejor momento en una región en la que ha llegado a mover 400 millones de euros por temporada
* La crisis resta aficionados al campo extremeño y con ello beneficios y empleo en otros sectores

Si el panorama cinegético estaba difícil la temporada pasada, en la actual se presenta todavía peor. La crisis ha ido restando cazadores al campo en los últimos tres años, hasta el punto de que algunas monterías no han podido ni siquiera llegar a organizarse por falta de demanda.

Para hacerse una idea de esa merma de escopetas basta saber que de la temporada pasada a la actual se han visto reducidas en 10.310 licencias de caza, según datos de la Junta de Extremadura.

Una pérdida más que importante que tanto desde la administración regional como desde las asociaciones profesionales de cazadores se achaca directamente a la pérdida de poder económico: hay gente que decide no sacarse la licencia no por lo que cueste ese documento en sí, sino porque salir de caza es una suma de gastos que no va a poder asumir.

Menos demanda, en resumen, es la situación con la que se encuentran las empresas que organizan monterías de caza mayor y otros eventos cinegéticos pertenecientes a la menor. Intermediarios entre propietarios y aficionados, que estaban acostumbrados a tener incluso una lista de espera repleta de gente dispuesta a pagar por hacerse hueco en el campo.

La razón de que ahora no sea así no es otra que: cuando el cinturón aprieta de lo primero que se echa mano para aligerarlo es del ocio.

Eso es precisamente lo que han hecho muchos cazadores, bastantes de ellos relacionados con el mundo de la construcción que en buena parte nutrían los programas cinegéticos de Extremadura.

«Se les echa mucho de menos», indica Augusto Alberto Albero, presidente de los rehaleros extremeños, y experto en mover la caza con sus perros en jornadas monteras.

En las casas no hay tanto dinero como antes para pagar durante toda la temporada puestos que en una montería de alto nivel tienen un precio que oscila entre los 3.000 y 4.000 euros, mientras que en las de tipo medio se encuentran entre los 250 y 300, de manera que o directamente se opta por no apretar el gatillo o se selecciona mucho dónde se acude.

Esto es normal, teniendo en cuenta que salir de caza no supone solamente pagar el cazadero (sitio en el que se caza), sino también pagar la munición y la gasolina, además del alojamiento y restaurantes, en el caso de que se tenga que salir lejos de casa, sin olvidar la taxidermia si se mata algún ejemplar.

Antonio Bueno, gerente de la orgánica Ibercaza y miembro de la recién creada Asociación de Profesionales Cinegéticos de Extremadura (Aprocex), cuenta que esta realidad se traduce en que las monterías de tipo medio, las más demandadas, se están vendiendo solamente en un 70 por ciento.

«Nos encontramos con el gran problema de que los ingresos son menores pero sin que haya cambiado lo que cuesta organizar la actividad: entre los 8.000 euros por jornada en las monterías de alto nivel y los 4.500 ó 5.000 en las de tipo medio». Un dinero que los organizadores necesitan para pagar las recovas de perros, alquilar mulas con las que sacar las piezas abatidas del campo, abonar el jornal de secretarios y postores o la comida que prepara el catering.

No se ha sentido tanto el declive económico en las monterías de tipo social, en las que el precio de los puestos baja hasta los 50 ó 100 euros. «Los socios pagan una cuota y cubren gastos. A las rehalas se les da un puesto y no cobran nada o se les pagan 200 euros aproximadamente», explica Rafael Domínguez, presidente de la Federación Extremeña de Caza.

Daños colaterales

La caza menor también se ha visto dañada pero en menor medida que la mayor. Los ojeos de aves son los que más se han resentido, en el sentido de que cuentan con la participación de menos cazadores o se reduce el número de piezas que se adquieren para la tirada. «Está viniendo menos gente a la paloma y a eso se une que la tórtola tampoco se ha dado bien», asegura.

No son solamente las empresas que organizan eventos cinegéticos las afectadas por esta situación que alcanza a otros sectores a los que igualmente resta beneficios e incluso la posibilidad de crear empleo. La hostelería y los servicios sienten también el latigazo, lo mismo que los taxidermistas que acumulan en sus naves menos cuerpos que disecar que en anteriores temporadas.

Malos tiempos, en definitiva, para un sector que según datos de Aprocex ha movido tradicionalmente hasta 400 millones de euros en esta región. Una gallina de la que últimamente no salen tantos huevos de oro.


FUENTE: www.hoy.es
FECHA: 05/12/2011
AUTOR: Pilar Armero / Plasencia
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