Caza & Armas
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 Hechiceros.

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MensajeTema: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeMar Oct 17, 2023 4:27 pm

Hechiceros.


El calor del mediodía los mantenía aplanados, dormitando bajo la sombra del “intocable”,  un árbol de nombre tan impronunciable como venenoso, pues hojas, corteza, savia, raíces, todo en él era tóxico. Por más que los indígenas de su equipo se empeñaran en querer enseñárselo repitiéndole su nombre, el cazador, al intentar pronunciarlo por enésima vez, solo conseguía provocar sus risas. Era la risa inocente de sus boys ante la torpeza del hombre blanco,  pues se alegraban que los blancos fueran incapaces de pronunciar ni de comprender cosas que ellos saben casi desde que nacen.  Gentes que antes de que llegara el hombre blanco imponiendo sus normas y fronteras, no sabían que pudiera existir algo más allá de la ínfima porción de tierra en la cual las gentes de su tribu, nacían, vivían y morían, al igual que sus antepasados.

Aquello era todo lo que podía haber soñado aquel “blanco” antes de tener que irse del viejo continente. Eso le transportó a unos años atrás en el tiempo, sobre mediados de los cuarenta del pasado siglo, cuando en algún país europeo un muchacho de baja estatura pero de gran espíritu, que gustaba de la caza en su país, decidió dar el salto al continente negro en busca de una vida diferente, una mezcla de trabajo y afición que creyó podría ser posible en ese voluble continente. Así que se marchó a una de las inmensas colonias que tenía su país en el gran continente africano. Iría a la capital de dicha colonia y buscaría casa y un trabajo a tiempo parcial que le permitiera alternarlo con su afición.

En verdad no había podido tener más suerte, pues nada más llegar, se encontró con el padre de un amigo suyo, el cual sabiendo de su valía, le contrató como supervisor en su empresa. Este trabajo le permitiría cazar durante periodos de tiempo relativamente largos, así que no podía desear nada mejor. De siempre había sido cazador, pero en su país solo podía cazar pájaros, conejos, liebres y muy de tarde en tarde algún ciervo o jabalí. Al irse a vivir a aquella colonia, podría cazar gratis cualquier animal hasta los antílopes, porque de los llamados animales peligrosos solo tendría un cupo limitado y si quería abatir más, tendría que abonar las licencias, que para los ciudadanos de su país, el precio era casi simbólico. Al hablar de animales peligrosos africanos, eso era decir… ¡¡ casi todos los animales más peligrosos que caminaban sobre el planeta!!.

También pensó, que al estar recién casado, ¿qué mejor lugar para criar a su descendencia que en un lugar que tanta extensión y libertad ofrecía?.  Se podrían ir de acampada de caza con bastante asiduidad… ¡¡ la panacea para él ¡!.

La casa que alquiló era de planta baja, casi toda de madera, y estaba junto al río que bordeaba la ciudad, era espaciosa y hermosa, y enseguida descubrió su lugar preferido, la terraza. Esta era un amplio espacio de madera cubierto, de unos diez metros de largo por unos tres de ancho, tenía una hamaca colgada al borde de la baranda que le permitiría ver el río en sus ratos de descanso. Las vistas eran impresionantes, pues en la otra orilla había una gruesa y alta muralla de árboles que cerraban filas en torno a aquella orilla, como guardianes gigantes que velaban de cuanto pudiera contener la selva que quedaba tras ellos. Un colorido bando de pájaros sobrevoló el estuario como queriendo darle la bienvenida.

El río, a ciertas horas, era engullido por la bruma que lentamente se deslizaba desde aquella densa selva, dándole un aspecto fantasmal a la vez que siniestro, parecía que de sus aguas podría salir cualquier criatura nunca vista por el ser humano. ¿Quién podría saberlo?.

A veces un águila pescadora daba emoción a aquel cuadro al apresar con sus fuertes garras y de manera magistral algún pez de gran tamaño, a veces tan grande, que las rapaces, incapaces de elevar el vuelo con su presa, tenían que soltarla so pena de ser arrastradas al río ante su peso y sus coletazos, y bien sabían que si eso sucedía, podrían ser presa fácil de otros terribles habitantes que vivían bajo aquellas oscuras aguas.

Al anochecer, los murciélagos aparecían, salían tras los árboles, venían de aquella vecina selva, pues se colgaban a millares de sus árboles. Y también aparecían los mosquitos, que a pesar de estar toda la casa y la terraza cubiertas de mosquiteras, algunos siempre encontraban la forma de colarse. Pronto supo que en África casi nadie escapa de la malaria, y que la medicación contra la misma tenía que ser siempre constante. Y aún así, a veces sufrían ataques de aquella plaga jamás erradicada, que les producía fuertes dolores de cabeza, altas fiebres, escalofríos, copiosa sudoración y hasta convulsiones. Y todo eso no era muy grave comparado con la posible afectación de órganos hasta dejarlos inútiles, que a veces, llevaba a muchos hasta a la muerte. Cada año, morían más de un millón de personas en África de esa maldita plaga.

Aquella primera vez que se asomó a contemplar el río, pudo ver un cayuko dejándose llevar por la corriente, dos nativos, indolentemente, intentaban que este no se desviara hacia las orillas, las cuales distaban unos cien metros entre sí. Observó como un tronco grueso y largo nadaba contra  corriente… ¿¿un tronco contra corriente??, miró bien, y era una descomunal pitón de más de seis metros de largo según calculó al pasar el reptil junto al cayuco, cosa que días más tarde corroboró al hablar con el dueño del mismo, que le confirmó que su embarcación medía algo más de siete metros, siendo el ofidio casi tan largo como aquel tronco, vaciado para alojar personas y mercancías. Y tomó nota, por si una de esas criaturas reptaba hacia la orilla de su jardín, pues si venían críos y con semejante ser cerca de la orilla, podía dar un fuerte latigazo de su cuerpo, enganchar a cualquiera en sus fauces, y en un segundo arrastrarlo hacia las profundidades del río. Cualquier humano o animal sería presa fácil de semejante criatura. Desde aquel, “su” santuario, aprendió muchas cosas de la fauna entre siestas en la hamaca.

Una vez establecido en la colonia y con todo organizado, estructuró sus primeras salidas de caza, y para ello, se hizo con unas viejas tiendas de campaña, un jeep y un camión pequeño, todo ello excedente militar y muy barato, los cuales él mismo reparó y adaptó a sus fines pues era muy mañoso. También se hizo con un rifle de grueso calibre para la caza peligrosa y medio centenar de cartuchos, que le compró a un ex cazador local ya retirado, pues escopeta para pájaros y roedores y un rifle de mediano calibre para los antílopes eran los que durante años usó en su país y que se llevó con él.

Pronto se dio cuenta que le era gratificante la caza del elefante, por la emoción y el riesgo, y rentable por la venta de su marfil, lo cual le reportaba un extra económico. Con los años, adquirió fama de buen cazador y comenzó a organizar safaris para europeos y americanos, así que a veces cazaba para él y otras veces organizaba safaris para clientes.

Bajo aquel maldito árbol venenoso, y en su duerme velas, el hombre recordó una de las salidas de caza que hicieron. Como persona instruida, cuando llegó al continente negro no creía en hechiceros, pero al tener que llevar en sus andanzas a un equipo de nativos, que le servían tanto para montar y desmontar el campamento, como para preparar comidas, limpieza, rastrear, cargar, preparación de trofeos … etc, no tuvo más remedio que habituarse a sus costumbres, y estos no salían de caza sin consultar con el hechicero del poblado más cercano para saber cómo les iría el día.

Como siempre, el  cazador, mostrando respeto, escuchaba lo que los hechiceros decían. Estos con gran misterio y boato, exponían que iba a pasar. ¿Encontrarían un buen elefante macho con grandes defensas?, ¿un fiero león de espesa y gran melena?, ¿un viejo e irritable búfalo solitario de gran cornamenta, o tal vez un traicionero leopardo acechante sobre algún árbol?... en los poblados siempre eran bien recibidos los cazadores, pues si abatían algo, la “ñama” (carne) era para ellos, y mientras mayor fuera la pieza… más ñama.

A veces el hechicero decía que no deberían salir porque no encontrarían nada, otras veces decían lo contrario, y casi siempre acertaban, pero cuando este se ponía “farruco” avisando de desgracias sin fin, el hombre le hacía algún regalo al hechicero para que no se enfadara si no le hacían caso, o para que este hiciera algún conjuro que protegiera al grupo, y así sus hombres salían confiados a cazar.

A veces el hechicero no aceptaba el soborno, eso era mala señal, pues había visto muy clara su predicción, y esta sería inalterable. Pero el hombre tuvo siempre muy claro su cometido, salir y hacer lo que pudiera, a pesar de que sus ayudantes dijeran que había que hacerle caso al hechicero. Él no creía en supercherías, y en sus ratos libres leía los grandes autores y pensadores de la humanidad, y eso no le dejaba margen para creer en espíritus, religiones ni demás inventos humanos. Solo iba a los hechiceros por respeto de las costumbres locales.

Así transcurrieron las primeras temporadas, las cuales le resultaron muy fructíferas y placenteras, pero en la siguiente… .
Consultaron con un hechicero el cual les dijo que no salieran de caza, porque iba a ocurrir una desgracia. Incluso el chamán se puso de pié y extendió sus brazos cortándoles el camino para hacerles ver que no fueran más allá de sus brazos, pues algo terrible le pasaría al “hombre blanco”.

Ante esto, los muchachos intentaron convencer a su jefe para no ir de caza ese día, pero él se mostró firme en salir a pesar de las palabras del brujo. Dijo eso pensando que como otras veces, todo era una patraña del hechicero que exigiría algo a cambio de hacer un conjuro con alguna poción de asquerosas yerbas y otras cosas raras para que eso no pasara. Pero ese día, el cazador decidió darle a sus hombres una lección, no dándole nada al hechicero, y así hacerles ver que estos eran unos embusteros que amedrentaban a la gente para tenerlos controlados y sacarles algún beneficio. Antes de irse, el viejo hechicero dijo unas palabras en su jerga que el hombre no entendió.

Cogieron las armas y se pusieron en camino, dejando al brujo gritando y haciendo grandes aspavientos hasta perderlo de vista.

Pronto encontraron un rastro muy bueno de elefante, por las huellas delanteras determinaron que el peso de sus defensas era grande, posiblemente más de cien libras por punta, lo cual era inusual. Esto hizo olvidar a todos lo ocurrido con el hechicero, y tras seguir casi dos horas las huellas, divisaron entre la hierba alta lo que parecía una roca gris... era el lomo de un gran elefante. Poco a poco, se fueron acercando controlando la dirección del viento, un momento después, el animal levantó su poderosa cabeza dejando a la vista del grupo las enormes defensas que portaba, corroborando que estarían sobre las cien libras, y había temporadas no se veían ejemplares así.

Teniendo en cuenta la dirección del viento, y procurando no hacer ruido, comenzó el rececho, dando un rodeo para ponerse a un lado del animal y así evitar la posible y temida carga.

Todo iba perfecto, y por un momento pensó en que tras el tiro, todo el poblado se pondría en marcha hacia allí, incluido el hechicero. Pensó que no se reiría de él, pues eso lo ofendería y lo pondría en su contra, y a los hechiceros hay que tenerlos siempre de tu lado porque tienen gran influencia sobre los nativos. El cazador, además de no ser rencoroso, tampoco era tonto. Pero si que disfrutaría viendo la cara del brujo, y sabía que este comería hasta hartarse sin dar excusas de su error.

Bien, el momento había llegado, dejó a su grupo, y se fue solo  a por "la roca gris". Tras unos veinte minutos de lenta y cautelosa aproximación, llegó a unos quince metros de su presa, esta estaba tranquila, con la cabeza gacha y pastando, por lo cual el cazador solo veía su enorme lomo. Tendría que esperar a que esta levantara la cabeza, entonces apuntaría al sitio donde sabía que se alojaba el cerebro, algo más adelante del oído, y… BUUMMM.

En efecto, el viejo macho levantó su cabeza mientras masticaba la tierna hierba pendiendo un buen manojo de la misma de su labio inferior, el cazador enrasó el punto y el alza de su potente rifle en "su" sitio, como si visualizara con rayos X la posición exacta del cerebro. Sabía que con la tensión y emoción del momento, no sentiría ni la gran explosión ni el brutal empujón de su rifle, pero si oiría el impacto sordo de la bala en la cabeza del animal, y si acertaba en el sitio exacto, la muerte era ipso-facta. El proboscídeo se desplomaría… muerto, y sin saberlo, antes de tocar el suelo.

Con mucha suavidad, presionó el disparador, y escuchó un extraño e inoportuno “clic”. El elefante también lo oyó, y supo de inmediato que nada en su hábitat suena así, y girando su cuerpo sobre las patas traseras buscando el ruido, escuchó otros extraños ruidos, y otro “clic”, pues el cazador tras el primer clic pensó que la bala había fallado, y rápidamente descerrojó su rifle haciéndola saltar y acerrojó metiendo otra bala en la recámara, la cual tras volver a disparar, le respondió con otro clik, y ese fue el que hizo que el elefante localizara al que provocaba esos ruidos raros que nada bueno podrían traerle.

Y al ver al causante de los molestos ruidos, sin más, el gran macho cargó hacia el que ahora, había pasado de ser cazador a ser presa, mientras este volvía a manejar el cerrojo para sacar la segunda bala defectuosa y meter la tercera, disparar  y… ¡¡ otro clik ¡!. Aún le quedaba una bala en la recámara, pero pensó que seguramente aquel lote de balas estaba defectuoso, así que tiró el arma para ir más ligero, y… ¡¡pies para que os quiero!!.

Sintió como aquella mole trompeteante crecía tras él, y en un momento de lucidez y sangre fría, buscó en su carrera desesperada ponerse a contra viento del animal para que no lo olfateara antes de arrojarse entre la alta hierba, con la esperanza,  de que el macho con su pobre visión lo perdiera de vista y al no olerlo ni verlo se fuera a buscarlo por otro sitio, y así él, zafarse de la bestia.

Pero no tuvo esa suerte, el elefante lo encontró, y esta vez sí tuvo suerte, porque este lo agarró con la trompa, arrojándolo lo más lejos que su enfado y fuerzas le permitió. El hombre sabía que lo que el animal no había hecho antes, seguro que lo haría en cuanto lo encontrase de nuevo porque era lo que solían hacer, lo pisotearía o se echaría sobre él con sus colmillos y trompa para ensartarlo o aplastarlo contra el suelo. Así que se dio por muerto.

En efecto, el elefante levantando su trompa, lo localizó de nuevo y se fue otra vez a por él, pero en ese momento llegaron corriendo sus muchachos haciendo todo el ruido posible para distraer al proboscídeo y uno que llevaba la escopeta del cazador, le pegó una inocua perdigonada en la panza haciéndolo enfadar enfadar y desviando su atención, cosa que afortunadamente logró. El animal se olvidó del cazador y se fue a por ellos, pero estos, con esa habilidad que les caracteriza en estas situaciones, enseguida le dieron esquinazo. Mientras, el  hombre se levantó sabiendo que solo estaba un poco magullado ya que la hierba alta había amortiguado su caída.

Escuchó ya lejos al elefante barritando y buscando a los insignificantes y molestos bípedos, así que volvió al sitio del lance. El hombre esperó allí a su equipo que venían riéndose del coloso gris, el cual, después de dar muchas vueltas buscándolos, se fue muy enfadado soltando enormes barritos a manera de protesta, o de advertencia, para que lo dejaran en paz. Cuando llegaron estos, el cazador les dijo que tras los tiros, vendrían las gentes del poblado con el hechicero a la cabeza para llevarse la carne del gran animal, y se llevarían un chasco al ver que no habían abatido nada. El nativo que le tenía más confianza le dijo que no vendrían porque el hechicero desde que salieron del poblado, había ordenado luto y preparar su funeral. Y que sería un gran disgusto para el hechicero verlo aparecer vivo, pues se había equivocado. El hombre recordó las últimas palabras que dijo el hechicero antes de irse, y que sus hombres no le tradujeron, y les pidió lo hicieran pues ya todo había pasado.

El nativo le respondió…  el viejo dijo que encontrarías la muerte bajo el cuerpo de un gran elefante.  El cazador pensó que el hechicero había estado a un pelo de acertar, así que con buen humor y refiriéndose a la predicción del brujo dijo… “se la doy por buena”. Aún así, siguió sin creer lo que decían los hechiceros, a pesar de que cuando recogió su rifle y las balas que fallaron, comprobó que no fue fallo de las balas, ya que estas estaban con el fulminante intacto, señal de que la aguja percutora del rifle no había picado el fulminante. Repasó el arma, y la aguja percutora alojada en el cerrojo tenía la punta rota. Esto era inexplicable, pues él mismo limpiaba y desmontaba sus armas cuidadosamente, y no vio un defecto tan notorio y peligroso.



El calor parecía amainar con la ayuda de una suave brisa, ya estaba hastiado de estar allí recordando viejas historias tumbado bajo aquel árbol maldito y mortal, excepto por su sombra. Y pensó que si aquel día querían cazar algo, deberían de ponerse en marcha antes de que el sol cayera, y esto en los trópicos sucede temprano y rápido. Despertó a sus hombres, que lo hicieron con la misma desgana que mostraron desde que el puñetero hechicero habló esa mañana. Y el cazador recordó lo acontecido unas horas antes.

Llegaron a un poblado desierto antes del amanecer, con todas las chozas cerradas y sin lumbre en su interor, solo vieron una hoguera en el centro del poblado. Sentado junto a ella, había un viejo de edad incalculable con los ojos perdidos entre las altas llamas, si alguien hubiera dicho que tenía más de cien años le hubiera creído de lo consumido que estaba, aunque en muchos de aquellos pueblos no sabían medir el tiempo, ni tampoco les preocupaba. Con lentitud y en absoluto silencio, el grupo se acercó al fuego y respetuosamente se fueron sentando formando un círculo alrededor de la lumbre, dejando un buen margen por ambos lados del círculo al anciano, dándole a este su espacio. El cazador se situó justo en frente de, el que no cabía duda, era el hechicero, y entre las llamas y el humo pudo ver mejor las facciones del anciano. El pequeño y arrugado hombre, el cual difícilmente pesaría cuarenta kilos, estaba  pintado de diversas e innombrables sustancias que le daban un aspecto fantasmal entre las llamas y la negra noche, pues aún el sol no daba atisbos de vida. Junto a la hoguera, mitigaron el terrible frío, que en aquella región hasta que no salía de lleno el astro, se hacía casi insoportable. Nadie que no haya estado allí, puede imaginar el frío que hace a esas horas.

El viejo respiraba con dificultad, parecía que cada exhalación que bombeaba lenta y tenuemente su estrecho pecho, podía ser la última, por la dificultad que parecía tener en deshacerse del dióxido de carbono que exhalaba su exiguo cuerpo. Sus ojos, repletos de pequeños capilares rojos, le daban un aspecto siniestro, tal vez alguna hierba tuviera que ver con aquello. Lentamente, con mucha suavidad, pasando casi desapercibido para casi todos, cerró sus ojos. ¿Se habría quedado dormido?, se preguntó el cazador mirando a su hombre de confianza. Este, entendiendo la mirada de su jefe, lo miró de manera que dejaba claro que el viejo no estaba dormido, solo perdido entre pensamientos en blanco… o ¿tal vez en negro?. Así estuvo el anciano un buen rato, hasta que tan lentamente como había cerrado sus vidriosos ojos, los volvió a abrir sin dejar de mirar las llamas, pues en ningún momento apartó su vista de ellas.

Suavemente y con extrema dificultad, alzó sus escuálidos y venosos brazos hacia el negro cielo, y sin mirar a nadie, inspiró aire, y casi sin salirle la voz del cuerpo  dijo unas pocas palabras, no más de cinco o seis, retirándose a continuación a su choza muy lenta y parsimoniosamente. El cazador se extrañó mucho porque los hechiceros suelen hablar sin parar para dejar claro a todos su gran sabiduría, para que así no dudaran nunca de sus presagios. La mayoría de las veces, si no se les sabe cortar sin que se ofendan, se pueden llevar horas hablando, algo realmente insoportable, pero a lo que tuvo que adaptarse desde el principio… así es África.  

Al decir el viejo aquellas palabras e irse de inmediato, el hombre observó cómo sus hombres cambiaron de color, pasaron del negro al gris, que es el color que se les ponía cuando tenían miedo.

De inmediato, el cazador preguntó a sus hombres con algo de sorna para cambiarles el ánimo… ¿qué ha dicho el viejo moribundo, tendremos suerte, cazaremos un buen elefante?. Estos callaron, y bien sabía él que eso tampoco era bueno, en verdad el miedo había hecho presa en ellos. El más allegado a él se decidió a hablar, y le dijo… jefe, mejor cazar mañana, hoy no. El hombre, al contrario que la vez anterior insistió en saber de inmediato el significado de las parcas palabras del viejo.  El nativo le respondió que…  sus palabras estaban dirigidas a ti, y ha dicho : la muerte saldrá de la tierra y te llevará, estas son mis últimas palabras”.

¿Y que ha querido decir con eso?, le preguntó el cazador a su boy, y este dijo que ni siquiera el viejo lo sabía, pero seguro que así sería. El hombre insistió diciendo que los espíritus no existían, ni nada saldría de la tierra para llevárselo. Así que con ellos o sin ellos, él saldría a cazar, ya estaba harto de tonterías y supersticiones de viejos que creen ver cosas imposibles. Y salieron de caza sin que nadie más del poblado hubiera salido de su choza para saludarlos o despedirlos, mala cosa.

Pronto el cazador se dio cuenta que sus hombres estaban apáticos y pensativos, no estaban por la labor de buscar huellas ni mirar por los alrededores las señales de animales, estaban pendientes del suelo donde él pisaba, y miraban como esperando que “algo” saliera de la tierra y lo arrastrara hacía el inframundo, por eso los muy tunantes caminaban varios metros separados  de él, dejando un cerco de seguridad a su alrededor… como si fuera un apestado. Así que se lo dijo al grupo, y estos le confirmaron sus pensamientos… “si, seguro jefe, la muerte saldrá de la tierra y te llevará, el viejo lo dijo, y también dijo que esas eran sus últimas palabras,  o sea, que todo eso pasará sin remisión, tú desaparecerás y nosotros nos quedaremos sin cazar y sin ganar dinero esta temporada, y tu familia y las nuestras también lo padecerán”.

No eran tontos los nativos, sabían que con su “desaparición” la desgracia les alcanzaría a ellos y a sus gentes. Eran listos, y muy prácticos. Pero a pesar de las reticencias de estos, el hombre, como siempre, insistió en su búsqueda no obteniendo ningún resultado en la mañana así que ya artos de andar, pararon para comer, descansar y librarse del tórrido sol del mediodía bajo la única sombre que vieron, ¡¡ aquel maldito árbol !!.  

Despertó a sus hombres y se pusieron en marcha, estos seguían manteniendo la distancia, por si el cazador “desaparecía” y no ser engullidos junto a él.  Estos seguían sin querer ver nada en el terreno, pero la terquedad del cazador obtuvo su recompensa pues al poco rato cortó un buen rastro de búfalo, así que se lo mostró al grupo, y les animó hablándoles de la gran chuletada de carne que se iban a dar, y eso les hizo dejar de lado sus agoreros pensamientos y cambiar un poco su actitud, poniéndose de inmediato tras la huella del animal… ¡¡bendita ñama!!.

Tras un rato de búsqueda  visualizaron a unos cien metros al dueño de la pezuña, en efecto, un magnífico y viejo macho solitario.

Con esa edad tenía un corto futuro, pues los leones darían buena cuenta de él. Con los prismáticos pudieron ver que tenía la piel repleta de cicatrices de sus muchas trifulcas con depredadores u otros machos... por las hembras, incluso un enorme absceso en la panza baja, posiblemente de una cornada de algún compañero la cual no había cicatrizado produciendo aquel tumor sanguinolento lleno de sangre y pus. Portaba el animal unas imponentes defensas, anchas y gruesas que calcularon en  más de 52 pulgadascon un boss bastante abultado para esa longitud de cuerna, un ejemplar realmente enorme e impresionante pues pasaría de los 800 kg., …¡¡ menuda barbacoa ¡!. Así que el cazador, acompañado de dos de sus hombres, a veces agachándose, a veces arrastrándose, le hicieron un buen rececho al macho, dando como resultado tenerlo a unos treinta metros de ellos. Sin más, el hombre, levantó su rifle de grueso calibre, apuntó y disparó, y el viejo guerrero cayó sobre su sombra.

Se levantó el trío, y el hombre vio como el resto del grupo venía a su encuentro celebrando ya la comilona que iban a montar con tanta carne, y el pombe (cerveza de mijo) que harían las mujeres del poblado.  Y aprovechó para recordarles a sus hombres que las palabras del viejo solo eran paparruchas, y que también el anciano casi moribundo disfrutaría de la fiesta antes de palmarla. Y el cazador se rió de su ocurrencia, sus hombres no.

Se acercaron al animal caído con ganas de ver de cerca el enorme trofeo, el cazador se adelantó a los demás, y llegando al animal, a pesar de que sabía que estaba muerto, y como era su costumbre y con precaución, le tocó el ojo con la boca del cañón para ver que no había reflejos, ni por tanto vida. Al tocarlo, el animal se levantó como si lo hubieran pinchado y se le echó encima, pero el cazador, como norma de todos los cazadores, tras matar una pieza, siempre tenía la precaución de meter otra bala en la recámara, y sin darle tiempo a apuntar, con el rifle en la cadera le estampó un tiro en la cara al cornúpeta, el cual, al recibir el choque de la gruesa y potente bala, quedó desorientado por un momento, aprovechando el cazador para acerrojar, apuntar, y meterle un tiro limpio en el cerebro, y ahora sí, como si hubiera sido tocado por un rayo, el enorme toro cayó para no levantase, pero aún así, y para evitar más sorpresas que le dieran la razón al viejo, volvió a recargar y le alojó la cuarta “píldora” en el cerebro. “Ahora está doblemente muerto”, le dijo a los suyos. Por seguridad, recargó su rifle por completo.

Tras un momento para reponerse, el cazador volvió con absoluta precaución a efectuar el ritual de tocar con la punta del cañón, no se puede dejar sin comprobar siempre ninguna pieza, y no quería más sorpresas. Ahora si… muerto.

Y dijo en voz muy alta, para que todos le oyeran: por poco el viejo y arrugado truán del poblado se sale con la suya… . Su hombre de confianza le dijo muy serio… jefe, el día aún no ha acabado.

De vuelta al poblado, con parte del animal despiezado cargado por sus hombres más la cornamenta, iban todos cantando, y muy alegres ante el banquete que les esperaba. El cazador iba tranquilo rifle cargado en el hombro, cuando de un pequeño arbusto, una  mamba negra de poco más de metro y medio, soltó un latigazo con su cuerpo, y se le agarró a la parte baja del pantalón, el muchacho que estaba más cerca dejó caer la carne que portaba, y visto y no visto, de un certero machetazo cortó el cuerpo de la mamba a la altura de la cabeza, dejando esta enganchada al pantalón del hombre, mientras el resto del ofidio se revolvía sin control sobre la arena.

Tuvo mucha suerte, pues en contra de su costumbre de ir siempre con pantalón corto por el calor, y por ser más cómodo en esos parajes, aquella mañana y debido al gran frío que hacía, se puso los pantalones largos. Eso le salvó la vida, pues una mamba, por pequeña que sea, puede matar a un hombre con una simple picadura, e incluso a más de diez.

Tras un rato de descanso y de silencio, el cazador pensó… el viejo búfalo se levantó de la tierra para llevarme, y la mamba salió de la tierra para llevarme. El viejo no es ningún charlatán.

Llegaron al poblado, y el cazador iba con la intención de hablar con el viejo sobre su predicción, e incluso darle una propina y darle el mejor trozo de carne. Pero se encontró el poblado de luto, pues el viejo hechicero yacía muerto en el suelo sobre una cama de hojas de palma entrelazadas. Ahora también entendió…  “estas son mis últimas palabras”. Dejaron casi toda la carne allí, y regresaron al campamento, el cazador se metió en su tienda de campaña de la cual no salió hasta el día siguiente… por si acaso.

A partir de entonces, se convenció de dos cosas, la primera, siempre respetó a los hechiceros, y reconoció que casi siempre acertaban, pero nunca creyó en ellos lo suficiente como para hacerles caso.  La segunda, no se puede ir a la caza peligrosa con un solo arma aunque sea de gran calibre, y en cuanto pudo compró otro rifle de grueso calibre igual al que ya tenía, y nombró a su hombre de confianza su escopetero personal, estando siempre este a su lado en el momento del lance con el otro rifle a punto para pasárselo si fuera necesario.

Tras treinta años en aquel paraíso, el comienzo de la guerra de independencia de aquella colonia marcó la vuelta del hombre y su familia al viejo continente para nunca más volver, Todo fue tan precipitado, que tuvo que interrumpir su último safari, y él y su familia tuvieron que volver a toda prisa a su casa, empacar lo que pudieron, y dejar allí muchos enseres, entre ellos muchas fotos y filmaciones de caza y naturaleza, más muchos y maravillosos recuerdos que jamás se borrarían de su memoria, al igual que a todo su equipo, que tras tantos años de aventuras hacía mucho que eran amigos inseparables. Las caras de estos y la de sus familias cuando fueron a despedirlo… nunca olvidó sus brazos alzados, y sobre todo… sus llantos. Ni siquiera tuvo un momento para asomarse por última vez a aquella maravillosa terraza en la cual tanto aprendió, por cierto, desde ella, nunca volvió a ver ninguna serpiente.

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Mientras mas practiques... mas suerte tendrás (Fred Bear).


Última edición por Enjarao el Lun Ene 29, 2024 7:38 pm, editado 1 vez

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Tamajón

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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeMar Oct 17, 2023 7:19 pm

Buen relato, me ha hecho disfrutar como si estuviera allí.

Un abrazo!
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BBF
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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeMar Oct 17, 2023 7:56 pm

¡Buena historia don Paco!  Hechiceros. 4025639811  Hechiceros. 4025639811  Hechiceros. 4025639811

A ver si se prodiga usted algo más, que se le echa de menos.


Saludos
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MELENAS65

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MELENAS65


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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeMar Oct 17, 2023 8:02 pm

Gracias D. Paco.

Un saludo Hechiceros. 1808262541
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Santi
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Santi


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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeMar Oct 17, 2023 9:11 pm

Buena historia Paco! Hacia tiempo que no le dabas a la tecla!
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javigb
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javigb


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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeMiér Oct 18, 2023 8:16 am

¡¡Bonito relato Paco!!
Gracias por compartirlo. Hechiceros. 4061443811 Hechiceros. 4061443811 Hechiceros. 4061443811

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Bardenas Reales

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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeMiér Oct 18, 2023 5:45 pm

Me acabo de dar un paseo por África.
Gracias.
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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeMiér Oct 18, 2023 6:45 pm

¡Bonita historia Paco!

Gracias por transportarnos por unos minutos al paraíso de la caza. Hechiceros. 4061443811 Hechiceros. 4061443811

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martinal
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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeJue Oct 19, 2023 12:09 pm

Acojonante, precioso relato ...

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Luis M.
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Scutarii

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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeJue Oct 19, 2023 3:53 pm

¡Que ganas de África!
Gracias por el relato!!
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Enjarao
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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeJue Oct 19, 2023 6:42 pm

Espero haber podido transportar al sueño africano con este relato a alguno de ustedes, gracias por vuestros comentarios compañeros.

He dicho muchas veces que escribo las historias porque, excepto la de El Veterano que me fue contada por un perrero tras una montería, a la cual dí forma y me permití algunas licencias para que fuera más entrañable, aunque originalmente ya lo era. Todas las demás si no recuerdo mal, son mis experiencias vividas.

Solo tengo que acordarme de alguna, después recordarlas al detalle, cosa que me cuesta un buen rato acordarme de todo, ordenarla y después darle forma e intentar transmitiros el sentimiento que me provocó cuando las viví entonces más el que siento ahora cuando las escribo.

Pero esta historia, es la primera que he inventado, aunque me he apoyado un pelín, casi nada en algo que leí hace muchos años. Así que no es del todo inventada por mi.

Debido a mis líos como voluntario social, además otros nuevos quehaceres, dispongo de poco tiempo para sentarme, abrir el pc e intervenir más por el foro. Porque hacerlo desde el móvil... me da mucha pereza escribir con él. Hechiceros. 1808262541

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Roedeerer

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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeJue Oct 19, 2023 7:20 pm

¡Engancha desde el principio! Digno de un Connan Doyle.

Muchas gracias
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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeVie Oct 20, 2023 10:06 am

Roedeerer escribió:
¡Engancha desde el principio! Digno de un Connan Doyle.

Muchas gracias

Excelente relato, muchísimas gracias por tu tiempo.
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Enjarao
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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitimeLun Oct 23, 2023 11:30 am

Roedeerer escribió:
¡Engancha desde el principio! Digno de un Connan Doyle.

Muchas gracias

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MensajeTema: Re: Hechiceros.   Hechiceros. Icon_minitime

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